Los Nuevos Mecanicos

Los Nuevos Mecanicos

miércoles, 1 de agosto de 2007

Un dragón en el garaje (de Carl Sagan)

Supongamos que afirmo que "En mi garaje vive un dragón que escupe fuego por la boca". Posiblemente le gustaría comprobarla y verlo usted mismo. A lo largo de los siglos ha habido innumerables historias de dragones, pero ninguna prueba real. ¡Qué oportunidad!

- Enséñemelo – me dice usted.

Yo le llevo a mi garaje. Usted mira y ve una escalera, latas de pintura vacías y un triciclo viejo, pero el dragón no está.

- ¿Dónde está el dragón? – me pregunta.

- Oh, está aquí – contesto yo moviendo la mano vagamente -. Me olvidé decir que es un dragón invisible.

Me propone que cubra de harina el suelo del garaje para que queden marcadas las huellas del dragón.

- Buena idea – replico – , pero este dragón flota en el aire.

Entonces propone usar un sensor infrarrojo para detectar el fuego invisible.

- Buena idea, pero el fuego invisible tampoco da calor.

Se puede pintar con spray el dragón para hacerlo visible.

- Buena idea, sólo que es un dragón incorpóreo y la pintura no se le pegaría.

Y así sucesivamente. Yo contrarrestro cualquier prueba física que usted me propone con una explicación especial de por qué no funcionará.

Ahora bien, ¿cuál es la diferencia entre un dragón invisible, incorpóreo y flotante que escupe un fuego que no quema y un dragón inexistente? Si no hay manera de refutar mi opinión, si no hay ningún experimento válido contra ella, ¿qué significa decir que mi dragón existe? Su incapacidad de invalidar mi hipótesis no equivale en absoluta a demostrar que es cierta. Las afirmaciones que no pueden probarse, las aseveraciones inmunes a la refutación son verdaderamente inútiles, por mucho valor que puedan tener para inspirarnos o excitar nuestro sentido de maravilla. Lo que yo he pedido que haga es acabar aceptando, en ausencia de pruebas, lo que yo digo.

Lo único que ha aprendido usted de mi insistencia en que hay un dragón en mi garaje es que estoy mal de la cabeza. Se preguntará, si no se puede aplicar ninguna prueba física, qué fue lo que me convenció. La posibilidad de que fuera un sueño o alucinación entraría ciertamente en su pensamiento. Pero entonces ¿por qué hablo tan en serio? A lo mejor necesito ayuda. Como mínimo, puede ser que haya infravalorado la falibilidad humana.

Imaginemos que, a pesar de que ninguna de las pruebas ha tenido éxito, usted desea mostrarse escrupulosamente abierto. En consecuencia, no rechaza de inmediato la idea de que haya un dragón que escupe fuego por la boca en mi garaje. Simplemente, la deja en suspenso. La prueba actual está francamente en contra pero, si surge algún nuevo dato, está dispuesto a examinarlo a ver si le convence. Seguramente es poco razonable por mi parte ofenderme porque no me cree; o criticarle por ser un pesado poco imaginativo... simplemente porque usted pronunció el veredicto escocés de "no demostrado".

Imaginemos que las cosas hubiesen sido de otro modo. El dragón es invisible, de acuerdo, pero aparecen huellas en la harina cuando usted mira. Su detector de infrarrojos registra algo. La pintura de spray revela una cresta dentada en el aire delante de usted. Por muy escéptico que se pueda ser en cuanto a la existencia de dragones – por no hablar de seres invisibles – ahora debe reconocer que aquí hay algo y que, en principio, es coherente con la idea de un dragón invisible que escupe fuego por la boca.

Ahora otro guión: imaginemos que no se trata sólo de mí. Imaginemos que varias personas que usted conoce, incluyendo algunos que está seguro que no se conocen entre ellas, le dicen que tienen dragones en sus garajes... pero en todos los casos la prueba es enloquecedoramente elusiva. Todos admitimos que nos perturba ser presas de una convicción tan extraña y tan poco sustentada por una prueba física. Ninguno de nosotros es un lunático. Especulamos con lo que significaría que hubiera realmente dragones escondidos en los garajes de todo el mundo y que los humanos acabáramos de enterarnos. Yo preferiría que no fuera verdad, francamente. Pero quizás todos aquellos mitos europeos y chinos antiguos sobre dragones no eran solamente mitos...

Es gratificante que ahora se informe de algunas huellas de las medidas del dragón en la harina. Pero nunca aparecen cuando hay un escéptico presente. Se plantea una explicación alternativa: tras un examen atento, parece claro que las huellas podían ser falsificadas. Otro entusiasta del dragón presenta una quemadura en el dedo y la atribuye a una extraña manifestación física del aliento de fuego del dragón. Pero también aquí hay otras posibilidades. Es evidente que hay otras maneras de quemarse los dedos además de recibir el aliento de dragones invisibles. Estas "pruebas", por muy importante que las consideren los defensores del dragón, son muy poco convincentes. Una vez más, el único enfoque sensato es rechazar provisionalmente la hipótesis del dragón y permanecer abierto a otros datos físicos futuros, y preguntarse cuál puede ser la causa de que tantas personas aparentemente sanas y sobrias compartan la misma extraña ilusión.

jueves, 10 de mayo de 2007

Caricaturas





lunes, 26 de marzo de 2007

Un traje nuevo para el emperador

Tocaron el timbre los vendedores de fe, escuchandolos recordé el cuento “Un traje nuevo para el emperador”, estos nuevos sastres quieren convencerme que vender algo real, argumentando “si no tengo fe seré miserable y castigado en un infierno eterno”.

Pensé, los que caen en sus redes se ponen sus nuevos trajes de creyente, convencidos de estar vestidos.
Aquí aparece la ciencia, los mira y pregunta ¿Por qué están desnudos?, salen de nuevo los sastres pregonando: “la ciencia es un arma maligna, no tiene fe y no puede ver”, los creyentes continuan desnudos convencidos de estár vestidos y la ciencia queda triste buscando que otra cosa puede hacer.

La Visita

Esta mañana han llegado a mi puerta una pareja bien vestida y bien peinada.
El hombre habló primero:
Juan: Hola, yo soy Juan y esta es María.
María: Hola, estamos aquí para invitarte a besarle el trasero a Benedicto con nosotros.
Yo: ¿Como? ¿De que estás hablando? ¿Quien es Benedicto? ¿y por que tendría que querer besar su trasero?
Juan: Si tu besas el trasero de Benedicto, te da un millón de dólares; y si no lo haces, te cubre de mierda.
Yo: ¿Como? ¿es que es alguna clase de extraño pervertido?
Juan: Benedicto es un multimillonario filántropo. Benedicto construyó este pueblo. Benedicto posee este pueblo. El puede hacer lo que quiera, y lo que quiere hacer es darte un millón de dólares, pero no puede si tú no besas su trasero.
Yo: Eso no parece tener mucho sentido. ¿Por que...?
María: ¿Quien eres tú para cuestionar los deseos de Benedicto? ¿Es que no quieres el millón de dólares? ¿Es demasiado un pequeño beso en el trasero?
Yo: Bueno quizás, si es legítimo, pero...
Juan: Entonces vamos a besar el trasero de Benedicto.
Yo: ¿Besas el trasero de Benedicto frecuentemente?
María: Oh si, continuamente.
Yo: ¿Y os ha dado el millón de dólares?
Juan: Bien, aun no. No se puede recibir el dinero hasta que no te marches del pueblo.
Yo: Entonces, ¿por que no os marcháis del pueblo y recibís el millón de dólares?
María: No puedes marcharte del pueblo hasta que Benedicto te lo diga, o de lo contrario no recibes el dinero y él te cubre de mierda
Yo: ¿Conocéis a alguien que haya besado el trasero de Benedicto, que haya marchado y que después haya regresado con el dinero?
Juan: Mi madre le besó el trasero a Benedicto durante años. Ella se marchó el año pasado y estoy seguro que tiene el dinero.
Yo: ¿Has hablado con ella desde entonces?
Juan: Por supuesto que no, Benedicto no lo permite.
Yo: Entonces ¿como sabes que tiene el dinero si no has hablado con nadie que lo haya recibido?
María: Bueno, antes que abandones quiero darte una pequeña muestra. Tal vez tengas un accidente, tal vez ganes un pequeño premio en la lotería, tal vez encuentres una gran suma de dinero en la calle.
Yo: ¿Y que tiene eso que ver con Benedicto?
Juan: Benedicto tiene ciertas "conexiones"
Yo: Lo siento, pero esto suena como si fuera un extraño juego de consola.
Juan: Pero es un millón de dólares, ¿puedes realmente arriesgarte? Y recuerda, si no le besas el trasero te cubre de mierda.
Yo: Tal vez si pudiera verle, hablar con él, tener detalles sobre él...
María: Nadie ve a Benedicto, nadie habla con él.
Yo: ¿Entonces como le besáis el trasero?
Juan: En ocasiones únicamente le mandamos un beso y pensamos en su trasero.
Otras veces besamos el trasero de Pablo y el se lo transmite.
Yo: ¿Quien es Pablo?
María: Un amigo nuestro. El es quien nos ha hablado sobre besar el trasero de Benedicto.
Todo lo que tenemos que hacer es invitarlo a comer de vez en cuando y darle los regalos que el quiera.
Yo: ¿Y vosotros habéis creído sus palabras cuando ha dicho que existe un Benedicto, que Benedicto quiere que le beses el trasero y que te recompensará?
Juan: ¡Oh no! Pablo tiene una carta de Benedicto de hace mucho tiempo donde lo explica todo. Aquí tienes una copia para ti, míralo por ti mismo:
Del escritorio de Pablo
1) Besa el trasero de Benedicto y el te dará un millón de dólares cuando te marches del pueblo.
2) Bebe con moderación
3) Cubre de mierda aquellos que no sean como tú.
4) Come bien.
5) Benedicto dictó esta carta el mismo.
6) La luna está echa de queso verde.
7) Todo lo que dice Benedicto es cierto.
8) Lávate las manos después de ir al baño.
9) No uses alcohol.
10) Come tus salchichas con tortilla, sin condimentos.
Yo: Esto está escrito en papel con el membrete de Pablo
María: Benedicto no tiene papel.
Yo: Tengo la impresión que si lo comparamos encontraremos que esta es la letra de Pablo.
Juan: Por supuesto, pero Benedicto lo dictó.
Yo: ¿Pensaba que decíais que nadie puede ver a Benedicto?
María: No ahora, pero hace tiempo hubo a algunas personas.
Yo: Pensaba que decíais que era un filántropo. ¿Que tipo de filántropo cubre de mierda a la gente solo por que sean diferentes?
María: Eso es lo que Benedicto quiere, y Benedicto siempre está en lo cierto.
Yo: ¿De donde has sacado eso?
María: El punto 7 dice que: "Todo lo que dice Benedicto es cierto" ¡esto es suficiente para mi!
Yo: Quizás vuestro amigo Pablo hizo las normas el mismo.
Juan: ¡Imposible! el punto 5 dice: "Benedicto dictó esta carta el mismo". Al mismo tiempo, el punto 2 dice "Usa el alcohol con moderación" el punto 4 dice "Come bien" y el punto 8 dice "Lávate las manos después de ir al baño". Todo el mundo sabe que esto es cierto, por lo tanto, todo lo demás debe ser cierto también.
Yo: Pero el punto 9 dice "No uses alcohol" lo cual entra en conflicto con el punto 2, y el 6 dice "La luna está echa de queso verde" lo cual no es cierto.
Juan: No existe contradicción entre los puntos 2 y 9, el segundo simplemente clarifica el primero. Y por lo que respecta al 6, tú nunca has estado en la luna, por que no puedes hablar con seguridad.
Yo: Los científicos tienen claramente establecido que la Luna esta echa de roca...
María: Pero ellos no saben si la roca viene de la Tierra, o del espacio exterior, por lo que puede ser fácilmente queso verde.
Yo: Realmente no soy un experto, pero pienso que la teoría de que la Luna fue "capturada" por la Tierra ha sido descartada. Por otra parte, no saber de donde viene la roca no la convierte en queso.
Juan: ¡Ajá! Acabas de admitir que los científicos cometen errores ¡pero nosotros sabemos que lo que dice Benedicto es cierto!
Yo: ¿Lo sabemos?
María: Por supuesto, el punto 5 lo dice.
Yo: Estáis diciendo que Benedicto siempre está en lo cierto por que la lista lo dice, la lista es cierta por que Benedicto la ha dictado, y sabemos que Benedicto la ha dictado por que la lista lo dice. Esta lógica circular no se diferencia en nada de decir que Benedicto es verdad por que lo dice Benedicto.
Juan: ¡Ya lo está comprendiendo! es reconfortante ver que alguien se está acercando a la forma de pensar de Benedicto.
Yo: Pero... oh, no te preocupes. ¿Cual es el trato con las salchichas?
(María se sonroja)
Juan: Las salchichas en tortilla, sin condimentos. Esta es la forma de Benedicto.
Cualquier otra forma es incorrecta.
Yo: ¿Que ocurre si no tengo una tortilla?
Juan: No hay tortilla, no hay salchicha. Una salchicha sin tortilla es incorrecto.
Yo: ¿Sin salsa? ¿Sin mostaza?
María: (asombrada) Parece irremediablemente condenado.
Juan: (Gritando) ¡No hay ninguna ambigüedad en su lenguaje! ¡Cualquier tipo de condimentos están prohibidos!
Yo: Entonces de una enorme pila de chucrut con algunas salchichas pinchadas en ella ni hablamos ¿no?.
María: (Se pone los dedos en los oídos) No te estoy oyendo, nana nana nana.
Juan: (con cara de aversión) ¡Eso es repelente! no se que clase de demonio comería eso...
Yo: ¡Benedicto! el come eso todo el tiempo. (María palidece)
Juan: (cogiendo a María) Bueno, si yo hubiera sabido que eras uno de esos no habría perdido mi tiempo. Cuando Benedicto te cubra de mierda yo estaré allí, contando mi dinero y burlándome. Yo besaré el trasero de Benedicto por ti. Tú, comedor de salchichas sin tortilla y devorador de chucrut.
(Al decir esto, Juan arrastró a María al coche que le esperaba y arrancó a toda velocidad.)